Sin balas de goma ni detenidos: el Obelisco festejó el pase a la final sin la represión que se temía

16.07.2026

La Selección Argentina volvió a hacer historia. La victoria por 2 a 1 sobre Inglaterra en la semifinal del Mundial 2026, disputada en Atlanta, garantizó el pase a la final del domingo ante España y desató una celebración masiva en el Obelisco porteño y en distintos puntos del país. Pero esta vez, a diferencia de lo ocurrido tras los triunfos ante Egipto y Suiza, la fiesta terminó sin el saldo de heridos, detenidos y disparos de balas de goma que había caracterizado a los operativos anteriores.

La antesala del partido había estado marcada por la tensión. La familia de Julián Finoli, el adolescente de 17 años que había recibido un balazo de goma en un párpado durante los festejos por el triunfo ante Suiza, presentó horas antes del encuentro un hábeas corpus preventivo colectivo ante la Justicia porteña. El pedido buscaba que las autoridades garantizaran la integridad física de quienes se acercaran a festejar y que se limitara el uso de la fuerza policial. El Juzgado N° 25, a cargo del juez Alejandro Villanueva, rechazó in limine la presentación apenas minutos antes de que comenzara el partido, según había informado la abogada Natalia Volosin a través de sus redes sociales.

Con ese antecedente fresco, el Gobierno porteño desplegó desde la madrugada un operativo reforzado con cerca de 800 efectivos de la Policía de la Ciudad, un vallado perimetral de varios anillos alrededor del monumento y cortes de tránsito en las principales arterias del microcentro. La magnitud del dispositivo, mayor incluso al utilizado en jornadas anteriores, respondía a la carga simbólica que tiene para la afición argentina un cruce con Inglaterra, atravesado por la historia de Malvinas.

Apenas terminó el partido, miles de personas volvieron a copar la avenida 9 de Julio con banderas, bombos, cánticos y bengalas para celebrar el nuevo pase a una final mundialista, el tercero en cuatro Copas del Mundo. Hubo abrazos entre desconocidos, familias enteras acercándose al Obelisco y una euforia que también contagió a otras ciudades del país, como Córdoba, Rosario y Mar del Plata, donde la gente se congregó en las plazas y monumentos emblemáticos de cada lugar.

A diferencia de las jornadas del 8 y el 12 de julio, cuando el desalojo de la zona derivó en gases, camiones hidrantes y disparos de proyectiles de goma, en esta oportunidad no se informaron detenciones formales en la Ciudad de Buenos Aires. Durante la madrugada, mientras una parte de los presentes comenzaba a retirarse, se produjo un cruce puntual entre un grupo de hinchas y los efectivos que participaban del operativo, con el lanzamiento de piedras y botellas hacia la policía. Sin embargo, las autoridades confirmaron que no hubo agentes heridos en ese incidente y que fueron los propios simpatizantes quienes intervinieron para separar a quienes protagonizaban el desorden, lo que permitió que la desconcentración continuara sin mayores sobresaltos.

El operativo no estuvo exento de polémica política. La diputada nacional Julia Strada cuestionó al jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, por el vallado y por publicar en redes un video celebratorio de la jornada, mientras circulaban en las redes sociales denuncias de vecinos que señalaban maltratos puntuales durante el operativo. Pero ese cruce se dio en el plano del debate público y no se tradujo, según la información disponible hasta el momento, en un nuevo episodio de represión con el nivel de violencia registrado en los festejos previos.

El contraste resultó elocuente para muchos de los que estuvieron en el lugar y también lo habían estado el sábado anterior, cuando el desalojo de la zona terminó con al menos 13 personas detenidas y varios heridos, entre ellos el joven Finoli. Esta vez, sin gas pimienta, sin hidrantes y sin el operativo de “liberación” del espacio público que se había vuelto habitual tras cada triunfo argentino, la celebración por el pase a la final pudo completarse de punta a punta sin que la policía reprimiera a los vecinos que festejaban.

Con la clasificación asegurada, la Selección de Lionel Scaloni ya piensa en la final del domingo ante España, mientras en Buenos Aires queda la sensación de que, después de tres celebraciones consecutivas empañadas por la violencia, esta vez el Obelisco pudo festejar sin que la policía volviera a ser protagonista de la noche.

Nuevo aumento en los colectivos del AMBA: cómo quedaron las tarifas desde este miércoles

15.07.2026

El ajuste vuelve a impactar en el bolsillo de los pasajeros en un contexto de actualizaciones mensuales del transporte público. Además del nuevo valor mínimo, el cuadro tarifario se modifica según la distancia recorrida y también cambia para quienes viajan con la tarjeta sin nominalizar, donde el costo se duplica.

Según los cuadros difundidos, el boleto para viajes de hasta 3 kilómetros pasó a $742,81 con SUBE registrada, mientras que los tramos de 3 a 6 kilómetros quedaron en $835,32; de 6 a 12 kilómetros, en $952; de 12 a 27 kilómetros, en $1.075,37; y los recorridos de más de 27 kilómetros, en $1.227,76. Para los usuarios con SUBE sin registrar, las tarifas se ubican entre $1.485,62 y $2.455,52, de acuerdo con la distancia.

La actualización forma parte de una secuencia de aumentos que el Gobierno había programado para mayo, junio y julio, con un 2% en cada etapa para las líneas nacionales. En paralelo, otras jurisdicciones del AMBA también tuvieron sus propias subas desde el inicio de julio, en función de mecanismos tarifarios distintos.

La novedad, además, se produce en medio de la discusión oficial sobre una nueva estructura de costos para el sector, mencionada por medios que siguieron el caso y que anticipan futuras revisiones del esquema tarifario. Con este incremento, el transporte automotor nacional suma un nuevo tramo de ajuste en una de las zonas de mayor uso del sistema público de pasajeros del país.

Recesión porteña: los locales vacíos en CABA aumentaron más de un 22% en el último año

14.07.2026

La retracción de la actividad comercial en la Ciudad de Buenos Aires continúa consolidando su tendencia negativa. De acuerdo con el último relevamiento bimestral elaborado por la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) correspondiente a mayo y junio de 2026, la cantidad de locales inactivos -que incluye comercios cerrados, en alquiler o en venta- en las principales avenidas porteñas registró una suba del 22,3% en comparación con el mismo período de 2025.

El informe detectó un total de 291 locales sin actividad en las áreas comerciales más transitadas de la Capital, lo que representa un incremento del 5,1% respecto del bimestre anterior (marzo-abril de 2026). Las cifras exponen un escenario de vulnerabilidad para el comercio minorista, que se encuentra atrapado entre el derrumbe sistemático del consumo masivo impulsado por las políticas macroeconómicas de ajuste y el incremento de costos logísticos y de servicios a nivel local.

El mapa del repliegue comercial en las avenidas

La pérdida de dinamismo se manifiesta de forma heterogénea a lo largo del territorio porteño, afectando corredores tradicionales que históricamente mostraron una alta rotación de inquilinos.

Uno de los puntos más críticos del informe es el fuerte aumento de las propiedades ofrecidas bajo la modalidad de alquiler, las cuales experimentaron una suba del 8,6% frente al bimestre previo y un salto exponencial del 129,5% en términos interanuales, una señal de la dificultad que encuentran los propietarios para colocar inmuebles en un mercado sin demanda de inversión.

A nivel geográfico, el comportamiento de las principales arterias refleja la profundidad de la recesión:

– Avenida Rivadavia: Mostró un incremento de la inactividad del 66,7% en su comparación interanual.

– Avenida Cabildo: En el nodo comercial de Belgrano, los locales vacíos crecieron un 38,5% anual.

– Avenida Pueyrredón: Registró un alza de la vacancia del 36,4% respecto al mismo período de 2025.

– Avenida Avellaneda: El principal polo textil y de indumentaria mayorista de la Ciudad se mantuvo sin cambios en su tasa de ocupación respecto del bimestre previo, operando como un oasis relativo de resistencia debido al consumo de menores recursos.

El impacto de las políticas desreguladoras y el factor impositivo

El retroceso en la ocupación comercial no puede desligarse del marco económico general. Las pymes y los comercios de cercanía sufren los efectos de un programa de desregulación que no ha logrado reactivar la demanda de los hogares pero que ha liberado las tarifas de servicios públicos y los precios de los alquileres.

Por otro lado, la gestión del Gobierno porteño limita su intervención a la regularización del espacio público y el ordenamiento de las veredas, evitando desplegar redes de asistencia financiera o alivios tributarios de peso en impuestos clave como Ingresos Brutos, que gravan la actividad incluso en contextos de pérdida de rentabilidad.

La proliferación de carteles de alquiler y venta en zonas de alta densidad residencial y comercial es la cara visible de una crisis de ingresos que desestructura las economías barriales. Sin medidas locales que amortigüen la pérdida del poder de compra ni incentivos reales para el sostenimiento del empleo privado informal y formal, las avenidas porteñas evidencican el costo social y productivo de la parálisis económica.

Doble discurso PRO: la contradicción entre los festejos virtuales de Jorge Macri y la represión policial en las calles

13.07.2026

La histórica cultura futbolística de la Argentina volvió a convocar a miles de ciudadanos en el Obelisco porteño para celebrar un nuevo hito deportivo de la Selección Nacional. Sin embargo, la jornada evidenció una marcada desconexión entre la narrativa digital del Gobierno de la Ciudad y el accionar de sus fuerzas de seguridad en el territorio, abriendo un debate político sobre los límites del derecho al uso del espacio público y la gestión de la protesta o la celebración masiva en la Capital Federal.

Durante la noche del domingo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, utilizó sus canales oficiales en la plataforma X para subirse a la ola de entusiasmo popular. Con publicaciones que incluyeron videos en alta definición de las avenidas porteñas colmadas de banderas, el mandatario local acompañó las imágenes con frases de fuerte impronta efusiva como “Vamooooooooos Argentina carajo!!!!” y “Locura por Argentina”.

No conforme con ello, en las horas posteriores se dedicó a replicar y repostear de forma sistemática las publicaciones de cuentas satélites y militantes que elogiaban la masividad de la convocatoria y la estética de los videos oficiales.

No es la primera vez que el primo de Mauricio se quiere colgar de la Scalonetta: por ejemplo, tras el triunfo en el debut en el mundial ante Argelia, el jefe de Gobierno porteño no pudo contener su furia digital y repartió todo tipo de tuits al respecto.

La gestión de la calle: del festejo digital al camión hidrante

La euforia expresada en las redes sociales contrastó de manera drástica con el escenario que se desplegó pocas horas después sobre la Avenida 9 de Julio. Lo que comenzó como una masiva movilización festiva y familiar concluyó en un violento operativo de dispersión coordinado por el Ministerio de Seguridad porteño.

De acuerdo con las crónicas del lugar y los informes de organizaciones de derechos humanos, la Infantería de la Policía de la Ciudad avanzó sobre los manifestantes utilizando camiones hidrantes, gases lacrimógenos y postas de goma para forzar el despeje de las calles.

El saldo oficial del procedimiento policial arrojó al menos 13 personas detenidas bajo cargos de resistencia a la autoridad y disturbios, además de varios civiles heridos que debieron recibir asistencia médica ambulatoria por golpes y el impacto de los químicos dispersados.

Un modelo de control que tensiona el espacio público:

La justificación técnica de la gestión local se amparó en la necesidad de liberar las principales arterias de circulación y prevenir supuestos desmanes aislados tras la desconcentración. No obstante, el análisis racional de los operativos recientes en el distrito capitalino demuestra una tendencia a privilegiar las intervenciones de fuerza por sobre los mecanismos de mediación y ordenamiento urbano que suelen aplicarse en grandes aglomeraciones internacionales.

El episodio en el Obelisco reaviva el cuestionamiento sobre la coherencia discursiva del Ejecutivo porteño, que comulga con los lineamientos punitivos del Gobierno nacional pero busca, al mismo tiempo, capitalizar la simpatía de los eventos populares. La incapacidad para canalizar de forma pacífica e institucional las manifestaciones de alegría colectiva introduce un interrogante de cara a los próximos desafíos logísticos de la Ciudad: si la respuesta estatal ante la masividad es la represión sistemática, el espacio público porteño corre el riesgo de quedar reservado únicamente para las postales de las redes sociales.

El creciente endeudamiento de los repartidores con las apps de delivery enciende alertas y reclamos de regulación

10.07.2026

La bicicleta o la moto no son solo el medio de transporte: son la herramienta fundamental sin la cual un repartidor de aplicaciones de delivery simplemente no puede trabajar. Y precisamente para comprar o reparar esos vehículos es que cada vez más trabajadores recurren a un financista inesperado: la propia plataforma para la que reparten.

El fenómeno, que crece a la par de la economía de plataformas, ha llevado a que los repartidores se endeuden con las mismas aplicaciones que les generan ingresos, en un circuito que el Banco Central de la República Argentina analizó en su reciente informe sobre proveedores no financieros de crédito. Según los datos del organismo, la cantidad de deudores vinculados a estas plataformas se disparó un 122% durante 2025, luego de haber registrado una expansión del 177% entre 2023 y 2024. Hacia fines del año pasado, la deuda promedio de los monotributistas que trabajan para estas aplicaciones rondaba los 900.000 pesos por persona. Para los comercios adheridos a los servicios de delivery, el promedio era siete veces superior.

El acceso al sistema bancario tradicional les está vedado a la mayoría de estos trabajadores, que carecen del historial crediticio que los bancos exigen para otorgar un préstamo. En ese vacío, las aplicaciones encontraron un negocio paralelo: ofrecen financiamiento a sus propios repartidores utilizando la información que generan día a día en la plataforma como si fuera un puntaje crediticio alternativo. La antigüedad del trabajador, la cantidad de pedidos aceptados, las horas trabajadas y la calificación que le otorgan los usuarios son algunas de las métricas que definen quién es elegible para recibir un crédito.

Pero lo que para las empresas es una herramienta de “inclusión financiera” para un sector que no tiene lugar en las carpetas de los bancos, para el Sindicato de Trabajadores de Reparto por Aplicación (Sitrarepa) es una trampa con intereses usurarios. La secretaria general del gremio, Belén D’Ambrosio, denunció que las tasas de interés de estos préstamos pueden alcanzar el 700% anual. Y advirtió que el acceso a los créditos suele estar reservado para quienes trabajan más horas dentro de la plataforma, un mecanismo que, en la práctica, incentiva la sobrecarga laboral.

“Hay compañeros que trabajan entre diez y doce horas diarias solo para cubrir los gastos fijos y pagar los préstamos”, señaló D’Ambrosio en declaraciones recogidas por distintos medios. Muchos repartidores, según la dirigente, terminan extendiendo sus jornadas para afrontar las cuotas, en un círculo vicioso donde el endeudamiento condiciona las condiciones de trabajo. Desde el gremio reclamaron una regulación estatal que ponga límites a las tasas de interés y proteja a los trabajadores de posibles abusos.

El informe del Banco Central, en tanto, dejó una conclusión elocuente: “Las plataformas están financiando a su propia base de trabajadores”. Los llamados “trabajadores independientes” representan el 54% de los tomadores de este tipo de préstamos y concentran más del 62% del saldo otorgado. De ese total, el 70% de la deuda recae en personas menores de 40 años.

Lo que está en juego, en definitiva, es un modelo de negocio en el que la aplicación no solo conecta la oferta con la demanda, sino que también financia los medios de producción de quienes prestan el servicio. Y mientras el endeudamiento sigue creciendo, el reclamo por una regulación que ponga freno a las tasas se vuelve cada vez más urgente.

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