COVID19: La situación de la Villa 31 desde una perspectiva feminista y popular

10.5.2020

Por Josefina Figueroa

En la última semana los contagios de coronavirus en la Villa 31 crecieron hasta alcanzar los 280 casos y sus habitantes denunciaron la falta de agua. Servicio que no sólo es una herramienta fundamental para prevención del virus sino que afecta directamente la actividad de los comedores. Esta actividad social está organizada y sostenida mayoritariamente por mujeres y diversidades. Es por ello que en coordinación con la Asamblea Feminista del barrio*, recopilamos declaraciones y denuncias de militantes de diferentes organizaciones sociales sobre cómo están frente a esta situación.

Desidia Estatal

Tras el fallecimiento de la primera persona por coronavirus y luego de múltiples denuncias de organizaciones sociales del barrio, el gobierno de la Ciudad motorizó por primera vez en la cuarentena un protocolo de medición de contagios a la población de la Villa.
Felicidad Salinas, militante de Barrios de Pie y coordinadora del área de Géneros en CABA, expresó que lo que está pasando en el barrio “es una vergüenza” y que la están pasando muy mal con la llegada del frío y la falta de agua. “Sobre todo las mujeres que sostenemos las familias y comedores”, aseguró.
En este mismo sentido, Janet Mendieta que trabaja en el comedor Feminismo al Palo dijo que “hace un montón que veníamos reclamando un protocolo especial” porque sabían de los peligros que acarreaban por sus condiciones de vida. “Estamos hacinados y hay un montón de menores de edad por familia”, expresó con preocupación.
Luz Muriel Burgos, integrante de la casa popular Las Mirabal, agregó: “Me duele mucho que en su momento no se haya hecho nada. Me da mucha impotencia la desidia del Estado y es muy desesperante ver que suben los contagios. Me da por pensar que quieren que se mueran todas las personas de la villa”.

La verdadera pandemia

A pesar de que la mayoría de los medios no lo visibilizan como tal, a evaluar por los números, el coronavirus puede considerarse una pandemia dentro de otra que nos acecha hace años y se llama violencia por motivos de género. El no cese de femicidios y transfemicidios durante el aislamiento social preventivo y obligatorio, puso en evidencia que el hogar es un lugar donde la violencia patriarcal se despliega en sus niveles más extremos y continúa matando.
Sobre este punto, Miryam Duarte, promotora contra la violencia de género en el espacio “Ñande Roga” y trabajadora de un comedor de CTA Capital destacó que “en esta pandemia estos dos trabajos son fundamentales. Prestar una oreja para escuchar a una compañera que está atravesando una situación de violencia es tan importante como garantizar un plato de comida. Principalmente en los barrios vulnerables donde falta el Estado y somos las compañeras de organizaciones sociales las que estamos peleando la situación colectivamente”.
Asimismo Felicidad Salinas que es militante de Barrios de Pie afirmó que “están muy expuestas porque la violencia de género avanza acá también y no hay contención. Sobre todo si sos inmigrante”.

La falta de agua y sus múltiples consecuencias

Los vecinos y vecinas de “la 31” denunciaron que hace tiempo tienen problemas con el agua pero que en las últimas semanas esa situación se agravó. En declaraciones con los medios, el vice jefe de gobierno Diego Santilli aseguró que se trataría de un problema de la empresa AYSA y que estaba en vías de solucionarse. Como si con ello fuera suficiente en una situación de emergencia sanitaria, económica y humana.
Miriam Suárez de Barrios de Pie expresó que la falta de agua es muy grave y que no reciben una solución. “Nos dicen que tenemos que hablar con Aysa. Hoy volvió el agua pero sale sucia. No nos podemos higienizar bien”, aseguró. Además y fundamentalmente explicó las dificultades que provoca para la ayuda social porque “quienes tenemos comedores no podemos cocinar para toda la gente sin agua. Además la verdura no se puede lavar bien”.
En la misma línea, Janet Mendieta que trabaja en el comedor Feminismo al Palo, expuso las contradicciones en el hecho de que “el Estado nos pide que te laves las manos pero no nos da respuestas”. También explicó: “A veces el agua vuelve de a ratos a la madrugada pero no tenemos presión. Los comedores están desbordados porque la situación económica tampoco es buena”.
No obstante, Camila Ramos que pertenece a la CTA Capital y vive en el sector Bajo Autopista de la Villa 31, confirmó que en el barrio tienen “más casos de dengue que de coronavirus. También aseguró que les están dando agua para cuestiones del hogar pero que “no es para tomar porque hay que hervirla y hay vecinos que no pueden comprar agua. La secretaría se está manejando muy mal. No da privilegios a las mujeres embarazadas ni discapacitadas”.

* La Asamblea se conformó a partir de un femicidio en el barrio y la necesidad de gestar un espacio de contención. Hoy la conforman casi quince organizaciones de diferentes partidos políticos. Ante la pandemia están funcionando como un espacio de circulación de información y sostén emocional.

Se suman nuevas actividades en la Ciudad, pero sigue la desidia en barrios vulnerables y geriátricos

10.5.2020

En conferencia de prensa Larreta anunció nuevas aperturas de comercios de cercanía y habilitó el paseo para los chicos, apostando a la responsabilidad ciudadana. Mientras tanto, no anunció medidas de emergencia para paliar el salto de contagios en barrios vulnerables y geriátricos.

En la mañana del sábado, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, dio a conocer el plan de flexibilización de la cuarentena que presentará al presidente de la Nación el lunes. Se sigue poniendo la principal responsabilidad sobre el ciudadano, mientras no se presenta ningún plan de Gobierno. Al mismo tiempo no se dio a conocer ningún plan gubernamental serio ante el gran problema que explotó esta semana, el salto de contagios en barrios vulnerables y geriátricos.
En dicha conferencia, mientras se mantienen las mismas tareas esenciales, se anunció que nuevos comercios barriales serán habilitados de forma gradual e insistió que el centro del cuidado recae sobre la responsabilidad individual, sin ninguna mención de cuál es el plan desde el Estado. El horario establecido será de 11 a 21 hs y se ingresará a los mismos de acuerdo con la terminación del DNI en número par o impar.
Al mismo tiempo se permitirá el paseo para menores de 16 años acompañados por adultos responsables, durante una hora, en un radio de 500 metros de sus hogares y también las salidas se regularán según la terminación de sus documentos.
Para conocer los detalles de las nuevas actividades habilitadas para funcionar y las modalidades de apertura, se pueden visitar la página del Gobierno de la Ciudad, mientras se irán dando a conocer públicamente en los próximos días.
Los despidos, suspensiones, rebajas salariales y el aumento de la pobreza siguen siendo temas ocultos en las conferencias de prensa del Jefe de Gobierno porteño. Incluso los temas acuciantes que explotaron esta semana, no merecieron ni una mención en la misma.
Luego de una semana de un sinnúmero de denuncias de la falta de protocolos, falta de agua y del salto de contagios en los hacinados barrios populares de la Ciudad, donde viven miles de personas, no fueron tema central de la Conferencia, donde el Gobierno tiene una clara responsabilidad. Unas 400.000 personas viven en villas y asentamientos, que no escucharon ninguna respuesta a sus necesidades en medio de la pandemia.
Tampoco fue mencionado el otro gran problema de la Ciudad, los peligros de contagios en las 500 instituciones para adultos mayores, donde semana a semana se descubren nuevos casos de Covid-19 sobre la población de riesgo.
El otro ausente en la Conferencia fue la realidad de la salud pública y privada, otra responsabilidad del Estado. Mientras a diario se multiplican las denuncias de las y los trabajadores de la salud por falta de insumos y protección sanitaria.
En definitiva, el Estado sigue apostando centralmente a la responsabilidad individual en el freno del contagio. Mientras luego de más de 40 días de cuarentena siguen faltando medidas acordes para abordar los problemas sanitarios y sociales que atraviesa el pueblo trabajador.

Ataques a la Casa Teresa Israel y al Normal Nº 7 de Almagro

10.5.2020

Los frentes del colegio Normal Nº 7 y de La Casa de Teresa, ubicados en el barrio porteño de Almagro, amanecieron este sábado 9 de mayo con los murales en homenaje a Teresa Israel y otrxs desaparecidxs cubiertos de grafitis fascistas.

Reproducimos repudio difundido por Correpi:
Teresa Alicia Israel, militante del Partido Comunista, creció y vivió en el barrio de Almagro de la ciudad de Buenos Aires. Se recibió de maestra en el Normal 7, en Corrientes y Sarmiento, y luego de abogada en la UBA. Se incorporó a la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y fue una decidida defensora de presxs políticxs antes y durante la última dictadura cívico-militar eclesiástica, lo que le valió amenazas, ataques y persecuciones, que culminaron con su secuestro la madrugada del 8 de marzo de 1977 –sí, el Día Internacional de la Mujer- en el domicilio familiar de la calle Campichuelo.
Su mamá, Clara Berestezki de Israel, no cesó de buscarla y reivindicar su compromiso militante un instante del resto de su vida. Declaró como testigo en el Juicio a las Juntas, donde quedó establecido que Teresa estuvo en cautiverio en el Centro Clandestino de Detención El Atlético, en Cochabamba e Ingeniero Huergo. Clarita fue nuestra amiga incondicional en los tiempos de conformación de CORREPI como organización antirrepresiva, y el centro cultural de Acuña de Figueroa y Humahuaca, La Casa de Teresa, fue de los primeros espacios que abrieron sus puertas para ayudarnos a difundir la lucha contra las detenciones arbitrarias, el gatillo fácil y la tortura en democracia. Hoy compartimos varios espacios de coordinación permanente con Mirta Israel, hermana de Teresa, referente de Pañuelos en Rebeldía y del Sindicato de Actorxs.
Por eso sentimos la aparición, esta mañana, de esas pintadas fascistas en la Casa de Teresa y en el frente de su colegio, sobre los murales que recuerdan a Teresa, como un ataque sobre una de las nuestras.
La reivindicación del genocida Videla sobre la imagen y el nombre de Teresa da cuenta de que, a pesar del tiempo transcurrido desde el fin de la dictadura, la peor derecha reaccionaria está allí agazapada y actúa con total impunidad incluso en estos tiempos de saturación policial en las calles al amparo de la situación de excepción impuesta por la pandemia.
Repudiamos el ataque y responsabilizamos al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y a su policía, que como bien saben lxs vecinxs de Almagro patrulla permanentemente esas calles.
Teresa Israel y lxs 30.000 ¡Presentes!

Pandemia y Estado ausente: la resistencia villera en el Barrio Padre Mugica

9.5.2020

Por Nicolás G. Recoaro

Crónica de una recorrida por la Villa 31, donde el número de casos de coronavirus se multiplicó en los últimos días, impulsado por el hacinamiento y la desidia del gobierno porteño.

“Nos decían que había que lavarse las manos y desinfectar las casas para matar al coronavirus. Pero por ahí el Gobierno de la Ciudad no sabe que sin agua no podemos limpiar, bañarnos, cocinar, ir al baño. En vez del virus, nos morimos nosotros. Decime quién aguanta así una cuarentena”. Silvina Olivera hace preguntas, pero no encuentra respuestas. Habla frente al modernísimo Ministerio de Educación porteño, el edificio de aires minimalistas que da la espalda al populoso Barrio Padre Mugica. Como el Estado.
Olivera, nacida y criada en la ex Villa 31, sabe de memoria las penurias que atraviesa. Tiene 36 años, trabaja de cajera en una franquicia pero ahora la licenciaron, y tiene bronquitis crónica. “Soy grupo de riesgo, también para los despidos que se vienen en el laburo”, mastica bronca la rubia detrás del ajustado barbijo. Mientras camina por los delgados pasillos, cuenta que a fines de abril dejó de tener agua en su casa. Vive en un tercer piso, con sus tres hijos. Al tercer día de sequía tomó coraje, agarró unos baldes y cruzó todo el barrio hasta donde estaban estacionados los camiones aguateros. “Eso fue más o menos el 20 de abril, cuando se conoció el primer caso de un vecino con coronavirus.” Dos semanas después, son 280 los contagiados.
“Se descontroló todo, la Ciudad no estuvo presente. Los camiones no podían entrar, hubo largas filas para conseguir agua. Yo me pregunto cuántos vecinos se habrán contagiado esos días. Ahora aumentan día a día y tenemos miedo. La cuarentena acá se pasa en piezas alquiladas de tres por tres, donde viven varias familias, comparten el baño, la cocina. Y sin agua es imposible.”
“¡Quién, quién, quién podrá ayudarme ahora!”, suena en el pasillo un clásico de Viejas Locas. Con la cuarentena estricta se acabaron las changas, el fiado, y ahí aparece el rol esencial de los comedores: “Hay 63 en el barrio –cuenta Olivera–, la mayoría sostenidos con aportes de los vecinos. Desde Ciudad mandaron asistencia sólo para ocho, parece una joda”. Esta semana les dijeron que iban a reforzar las entregas. Pero la única verdad es la realidad: hay lista de espera para conseguir un plato de comida. “Ellos hicieron campaña con nuestro barrio. Hablaban de integración, puras truchadas. Red de agua precaria sin terminar, mucho maquillaje en las fachadas, pero sin servicios básicos, hacinados, olvidados. La ayuda viene de las organizaciones sociales. Del Estado, olvidate”.
Walter José Larrea es auxiliar docente del Polo Educativo Mugica, miembro de la Mesa Participativa de Urbanización y militante social siempre al pie de la olla en más de un comedor. Dice que “la cuarentena ensanchó la desigualdad en la escuela de una forma atroz. Desde el Ministerio de Educación dicen que las clases siguen en forma virtual, pero es mentira: los pibes del barrio no tienen computadoras, wifi, Internet”. Los docentes, dice, no bajaron los brazos e improvisaron un campus online tracción a sangre: el hilito invisible que conecta a los pibes con la escuela se amarra a la suerte del curtido celular familiar. Si funciona.
El preceptor cuenta que el número de estudiantes que se acercan a pedir los bolsones con mercadería crece semana a semana. No alcanzan. Larrea cuenta una historia, “de las miles que hay: hace unas semanas, una piba de la escuela se puso a juntar peso por peso para amar una olla popular. Con la familia armó una puchereada y fueron a comer 200 personas. Desde ese día no frenaron y la hacen todas las noches. Piden en los almacenes, en las carnicerías. Sin estos lazos solidarios de los vecinos, de las organizaciones sociales y de la Iglesia, el barrio volaría por los aires, porque la cuarentena lo transformó en un polvorín donde viven 40 mil personas. Del Gobierno de la Ciudad ni hablemos. Hacen lindos flyers de prevención”.
Más de cien metros tiene la fila, el largo de la cancha de fútbol, y llega hasta la parroquia Cristo Obrero. Los vecinos esperan su turno para tramitar el DNI o consultar sobre el cobro del IFE salvador. Araceli Álvarez se pasa la mañana orientando a las familias, pidiendo que guarden la obligatoria distancia social, repartiendo barbijos. Llegó a la 31 hace tres décadas desde Oruro. Es enfermera del Garrahan y milita en la organización barrial El Hormiguero: “No laburo en la Anses ni en el Renaper, pero acá estoy dando una mano, cuidando a mis vecinos. Parece una frase hecha, pero de esta salimos todos juntos”.
Jonathan Frías se agarra la cabeza y dice que ya no cree en milagros. Es la tercera vez que se acerca a preguntar por el ingreso de emergencia: “Laburaba en la obra, pero se paró todo. Sólo tengo un subsidio de 3500 pesos, que es una risa para lo que sale el morfi. Tengo un pibe de ocho y vamos a los comedores. Todos mis amigos andan igual: es cagarte de hambre o agarrarte el virus”.
“Comedor cerrado por caso de Covid”. La cartulina con prolija letra de imprenta está pegada en la puerta del local. “Es el comedor de Tapia, uno de los históricos del barrio. Una chica de la cocina tiene coronavirus, por eso están todos aislados. Dicen que abre en seis días, crucemos los dedos”, explica una señora que carga tuppers vacíos en una bolsa. Pegadito al de Tapia funciona el comedor de Alicia García. Se llama Arca de Noé. Alicia, 73 años, trabaja a cuatro manos este mediodía. Todavía falta un rato para empezar a repartir el guiso, pero ya hay una larga cola: “Estamos acá desde el ’89. Siempre hubo necesidades, pero me cuesta recordar un momento parecido. Si venía en marzo, esta fila no existía. Es mucha gente que perdió el rebusque. El otro día un viejito llorando me preguntó si podía quedarse a dormir. No sabía qué decirle”.
El comedor de Alicia también da cobijo a un taller de costura. Estuvieron armando barbijos para repartir en el barrio. Lo que más extraña, dice, es “tener a los vecinos comiendo adentro del local. Ahora es cargar el tupper o la olla a distancia. No puedo darles un abrazo. Es que acá somos una familia, ¿me entiende?”.
Pamela, promotora de salud, anda con su visera y una planilla a cuestas de una punta a otra de la 31, buscando a quienes tuvieron contacto estrecho con casos positivos: “El operativo arrancó el martes. No es un testeo masivo, como dicen. Pero ayuda para empezar a controlar la expansión. Después de dos semanas sin agua y con cortes de luz, no tenemos idea de cuántos vecinos se enfermaron”. Sigue con su pesquisa en la barriada, pero antes reflexiona sobre su trabajo: “Soy laburante ‘esencial’, como dicen los de la tele y el gobierno. Pero para ser esencial, primero debe ser un trabajo digno: con seguro, ART, contrato en blanco. Un trabajo en regla. Eso para mí es esencial”.

Cárcel de Devoto: “Nosotros luchamos solo por nuestros derechos”

8.5.2020

Por Oscar Castelnovo

Uno de los referentes de los detenidos en Devoto, Carlos Palazzo, expresó que el acuerdo fue positivo, es un tramo de nuestra lucha ante un sistema tan injusto, tenemos compañeros y chicas que ya deberían estar en libertad porque pasaron años sin condena firme, porque ya la cumplieron o porque pertenecen a grupos de riesgo ante la covid-19. Y no estamos hablando de violadores o genocidas. Sino de la mayoría de la población en las cárceles que pudo o no haber cometidos delitos contra la propiedad o infringir la ley de drogas. El próximo 20 de mayo nos volvemos a juntar porque hay mucho para resolver. Nosotros solo luchamos por nuestros derechos”

Con el acta-acuerdo firmada, este miércoles, por detenidos, funcionarios, miembros de la justicia y de organismos de derechos humanos, en medio de la pandemia de la covid-19, amainó el conflicto en la cárcel de Devoto. Allí, estuvo el secretario de Justicia de la Nación, Juan Martín Mena, cuya ausencia la semana anterior fue motivo de tensión ya que los presos reclamaban que viniese como interlocutor ministerial. Su presencia era necesaria para que asuma, por caso, el compromiso con relación a los criterios criminológicos e informes que elabora la autoridad penitenciaria, punitivos como método, que resultan decisivos para la libertades y/o morigeraciones.
Así, acordaron la conformación de un grupo de trabajo que aborde la temática penitenciaria en forma «integral», con lo que dieron por concluidas las negociaciones iniciadas el 24 de abril pasado tras la jornada de protesta de detenidos en reclamo de prisiones domiciliarias por el coronavirus.
También participaron del encuentro el subsecretario de Política Criminal, Pablo Barbuto; el juez Daniel Morín, de la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional; la jueza de Ejecución 2 Vilma Bisceglia; y el director del Servicio Penitenciario Federal (SPF), Emilio Blanco. En la mesa de diálogo estuvo Ariel Cejas Meliare, de la Procuración Penitenciaria de la Nación (PPN), el Comité Nacional para la Prevención de la Tortura (CNPT), Andrea Casamento de la Asociación Civil de Familiares de Detenidos (Acifad), Claudia Cesaroni (Cepoc) y el abogado Matías Isequilla del Sindicato Único de Trabajadores Privados de la Libertad (Sutpla), entre otras organizaciones.
Como ha denunciado esta Agencia, tanto el presidente Fernández como los gobernadores de las provincias podrían haber decretado conmutaciones de penas, pero negaron esa posibilidad al tronar de las cacerolas de la ultraderecha que hoy también manifestarán en las esquinas contra «el comunismo» (sic). Así, de las 1.280 personas detenidas en las cárceles federales que reúnen los requisitos establecidos por Casación, muy pocas fueron excarceladas hasta ayer, a más de un mes de declarada la cuarentena. Países de todo el planeta, incluido Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, España o Irán liberaron o dieron arrestos domiciliarios a miles de sus detenidos ante el riesgo de la covid-19. La Argentina, hasta el momento, eligió hacer equilibrio al borde del precipicio.

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