Hogares de niñas y niños en CABA: aislamiento y riesgo

27.6.2020

Por Natalia Arenas

Por la falta de insumos y recursos humanos, el riesgo de contagios masivos es uno de los tantos problemas que afrontan los 35 hogares para niños, niñas y adolescentes de la Ciudad: ya hay más de 100 positivos. El otro peligro es emocional: la consecuencia de la desvinculación de lxs niñxs con sus familias.

R. trabaja como administrativa en un hogar de tránsito para varones de 6 a 18 años de la Ciudad de Buenos Aires. Una de sus compañeras del sector limpieza dio positivo de Covid-19. Lxs trabajadorxs del hogar se enteraron una semana después del resultado. La empresa tercerizada que contrata a la mujer nunca les avisó. “Se activaron los protocolos el miércoles, pero los hisopados recién los harán el martes que viene”, cuenta.
“Contacto estrecho hubo”, dice R. El hogar es una casa chica en la que es difícil respetar el aislamiento de uno o dos metros. “Y lxs niñxs requieren no sólo atención y cuidado, sino amor y mucho contacto físico. Te abrazan, te toman de la mano o te quieren peinar”.
Mientras esperan los hisopados, todxs lxs empleados -contratados por monotributo, con sueldos precarios- siguen viajando en transporte público, uno de los mayores focos de infección. Es la única manera que tienen de llegar al trabajo.
El protocolo del gobierno porteño tardó un tiempo en llegar y era común a todos los hogares: no diferenciaba entre las necesidades de bebés, niñxs y adolescentes ni entre las posibilidades edilicias. En el hogar donde se dio el contagio el protocolo general hacía agua por todos lados. Así que hicieron un propio y lo presentaron en la Dirección de Niñez y Familia de la Ciudad.
En el medio, hubo varios contagios en los hogares: la Comisión de Seguimiento del tratamiento Institucional de Niños, Niñas y Adolescentes de la Defensoría General de la Nación registró un total de 126.
El riesgo de contagios masivos es uno de los tantos problemas que afrontan los 35 hogares para niños, niñas y adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires. Como el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad sólo tiene tres hogares propios y la demanda es alta, terceriza el alojamientos de niñxs en hogares de la sociedad civil. Por cada niñx o adolescente les paga entre 35 mil y 40 mil pesos mensuales. Ese dinero debe alcanzar para el cuidado integral de cada uno: alimentación, salud, escolaridad, tratamientos psicológicos, recreación y vestimenta. En contexto de pandemia no alcanza.
El otro peligro son las consecuencias de la desvinculación de lxs niñxs con sus familias. En el hogar Mariposa, en Flores, viven doce niñxs de entre 0 y 6 años. S. es uno de ellos: tiene un año y medio. Su mamá iba a visitarlo tres veces por semana. La pandemia frenó las visitas. Desde entonces, S. tiene pesadillas y come muy poco.
La única forma de comunicarse con su mamá es a través de video llamadas. Cuando esto pasa, S. reconoce a una mujer que le habla desde la pantalla y le sonríe. Con los dedos toca esa cara virtual y no entiende por qué no siente el calor y suavidad de la piel. Sólo puede expresar la angustia de no tocar a su mamá llorando. Del otro lado, la mamá también llora: cree que su bebé ya no la reconoce, que se olvidó de ella y no la quiere más.
“Si el Estado garantizara un hisopado para personas asintomáticas, las madres podrían venir a ver a sus hijxs, tomando todos los recaudos protocolares”, dice Valeria Leiva, directora de Mariposa. “Si no tienen los tres mil pesos que pide un laboratorio privado para hacerse el hisopado, no pueden venir. Hace tres meses que no vienen”.
En Mariposa trabajan 29 personas que se turnan para poder descansar, ya que lxs niñxs necesitan atención las 24 horas.
Para reducir la posibilidad de contagio, la dirección del hogar decidió que todxs lxs trabajadorxs vayan y vuelvan del hogar en transporte privado: taxis, remises y autos particulares. Un gasto extra que les alivia “el miedo individual, pero sobre todo colectivo de saber que cada vez que entrás al hogar podés estar contagiando”.
Desde el gobierno porteño les llega cada 15 días una caja con insumos: cinco litros de lavandina, cinco de alcohol en gel, tres barritas de jabón Rexona (con las que no pueden bañar a bebés), tres pomos de Off, una caja de guantes plásticos y 30 barbijos.
“Estamos en la lucha diaria de que nos manden los insumos para nuestra protección y la de lxs chicxs”, dice R. y cuenta que las mascarillas que mandaron tienen que compartirlas, previa higienización. Lo que hay no alcanza para todxs.

Negocios quebrados, oficinas vacías y personas sin techo: la devastación económica provocada por la pandemia

26.6.2020

La tradicional calle Florida de Buenos Aires luce vacía de clientes y sobrepoblada de agentes del mercado ilegal de compra y venta de dólares.

«Cambio, cambio dólares, euros, reales…», es el susurro, a veces grito, que más se escucha a lo largo de la decena de cuadras de Florida, la calle peatonal de Buenos Aires que, con sus miles de negocios, turistas, oficinas y bancos, formaba parte del corazón financiero del país hasta que, hace tres meses, la cuarentena obligatoria decretada por el gobierno para frenar la pandemia del coronavirus la devastó.
La oferta de transacción de monedas extranjeras la realizan hombres y mujeres apostados afuera de negocios con las persianas bajas, protegidos con candados y con las fachadas cubiertas de ofertas para vender todo tipo de productos a través de Whatsapp, Facebook, Instagram o páginas web, ya que todavía no pueden reabrir sus puertas.
En la jerga argentina, estos personajes son conocidos como ‘arbolitos’ porque ahí están todos los días, fines de semana incluidos, de pie, a la pesca de clientes que necesiten cambiar moneda en el mercado paralelo que opera desde hace décadas en el país, y que permite obtener mejores cotizaciones que en la vía legal. El precio de compra del dólar en uno y otro sistema es hoy, por ejemplo, de 70 y de 128 pesos. Con esa diferencia, es fácil entender por qué la gente que ahorra en divisa estadounidense prefiere venir a cambiar a la calle Florida.
Ahora la presencia de los ‘arbolitos’ es más evidente, ya que la pandemia evaporó a los turistas, vendedores ambulantes, trabajadores de los locales y oficinistas de la que hasta marzo pasado era la calle comercial más importante del país y en donde a diario circulaban alrededor de siete millones de personas.
De ese continuo ir y venir, por ahora no hay nada. Y no lo habrá por lo menos durante un mes más, ya que el gobierno mantiene una cuarentena que sólo permite la reapertura de actividades esenciales.
Una de ellas es la alimentación, por eso a lo largo de Florida están abiertas las tiendas conocidas como ‘dietéticas’, que venden frutos secos, harinas, yogures, tés y granolas; los kioscos de dulces, hamburgueserías, algunos restaurantes y cafeterías. La comida y las bebidas no se pueden consumir en ningún local, ya que sólo se autoriza el envío a domicilio o pedidos que deben ser recogidos por el propio cliente.
Y nada más.

Desolación comercial

En el resto de Florida, lo que abunda son los letreros de ‘se alquila’, ‘últimas ofertas’ o ‘¡nos vamos!’ que reflejan el quiebre de cientos de negocios en donde los locatarios pagan los alquileres más caros del país, un promedio de 80 dólares mensuales por metro cuadrado.
Los hoteles y hostales tienen cerradas sus puertas, sin un solo cliente desde que el 20 de marzo se cerrara la frontera y se frenara la llegada de turistas que tenían a la calle Florida como referencia obligada de paseo y compras.
En varios tramos hay baldosas rotas, algunas rodeadas de desvencijadas tablas. Las obras de reparación fueron suspendidas por el gobierno capitalino, lo que incrementa la sensación desoladora.
Otro cambio es la presencia permanente de personas sin techo que colocan sus cobijas, colchones y cajas afuera de los comercios, a sabiendas de que nadie les pedirá que se retiren, como solía ocurrir.
Los bancos sólo atienden a través de turnos previos, para evitar las aglomeraciones, así que las sucursales lucen semivacías. Afuera de algunos cajeros se forman largas filas de clientes que, protegidos con cubre bocas, intentan mantener la distancia social de por lo menos un metro y medio, que en algunos casos está señalada en el asfalto.
Una ausencia notoria es la de los artistas callejeros que alegraban la zona. Bandas de jazz, de folclore argentino, y solistas que se desperdigan en diversos tramos de la calle y que alternaban espacio con muralistas que plasmaban obras en el piso y con los artesanos que colocaban ropa, llaveros, mates, aretes, en mantas extendidas.
Ahora, en cambio, apenas si se animan a venir a trabajar un par de vendedores de paltas que ofrecen su mercancía en cajas que colocan en el cruce de Florida con Diagonal Norte, la calle que unos metros más adelante desemboca en la Plaza de Mayo.
A principios de mes, el gobierno de la ciudad autorizó la reapertura de negocios de ropa y calzado, los cuales lucen sus cortinas a medio abrir o medio cerrar, según como se vea. Los letreros para restringir el ingreso a no más de dos o tres clientes, dependiendo del tamaño del local, son insistentes, tanto como las ofertas de ‘delivery’ (envío) a las que ya se han adecuado incluso las librerías.
Pero a partir de la semana próxima, debido al aumento de casos de contagio y al nuevo endurecimiento de la cuarentena, estos locales van a tener que volver a cerrar.
Uno de los atractivos de la calle Florida eran sus galerías plagadas de locales y cafés, algunas al estilo francés, como la mítica Galería Güemes, en la que Julio Cortázar se inspiró para escribir su cuento ‘El otro cielo’ y que hoy, a medio abrir, luce en penumbras, con las luces apagadas y apenas un par de locales de perfumes con atención al público.
Otras galerías están cerradas por completo, con cortinas de rejas que les dan un toque carcelario y en las que los comerciantes amontonan precarios anuncios de servicio de reparación de teléfonos celulares o computadoras, venta de insumos informáticos, videojuegos y artículos de belleza que los interesados deben solicitar por teléfono.

La incertidumbre del futuro

Ya el año pasado, la Asociación de Amigos de la Calle Florida revelaba que la crisis económica desatada en la recta final del gobierno de Mauricio Macri había impactado en el cierre del 21 % de los 1.286 locales que hay en la principal peatonal de Argentina.
Era un récord, tomando en cuenta lo codiciada que era esta calle debido a que el tránsito de clientes estaba garantizado, pero ahora el cierre, o directamente la quiebra, afecta a la mayoría de los negocios.
Fabián Castillo, presidente de la Federación de Comercio e Industria de la Ciudad de Buenos Aires (Fecoba), reveló que por lo menos el 18 % del total de los locales de esta capital ya cerró definitivamente sus puertas, y en caso de seguir la cuarentena, la cifra aumentará a un 25 %, tendencia que se refleja también en Florida.
La Confederación Argentina de la Mediana Empresa, en tanto, reveló que las ventas mayoristas cayeron en promedio en un 50 % en mayo, con respecto al mismo mes del año pasado. Y sin ingresos, los comerciantes no pueden pagar servicios ni sueldos.
Todo ello, en un país que ya estaba en crisis, con altas tasas de recesión, deuda, inflación y pobreza, y que este año, según previsiones del Fondo Monetario Internacional, registrará un desplome de 9,9 % en su economía, y que a mitad de año ya tiene récord de despidos y desempleo.
El escenario es pesimista, pero comerciantes de la calle Florida se aprestan a resistir.
«Esto tiene que pasar, algún día la cuarentena va a terminar y volveremos a abrir, nos tenemos que recuperar», confía un mozo del Florida Garden, uno de los restaurantes clásicos de la zona, tradicional punto de reunión de políticos, empresarios y jueces, y en donde hoy se ven mesas amontonadas en la entrada para impedir el paso de algún despistado que aspire a pedir un café y una medialuna, como ocurría en la antigua normalidad que, por ahora, nadie tiene certeza sobre cómo se transformará.

Con récord de casos, Larreta rescinde un convenio para la prevención del dengue

24.6.2020

El convenio con la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires se orientaba al monitoreo del mosquito transmisor del dengue. Desde el Gobierno de la Ciudad alegaron que no cuentan con presupuesto. La decisión levanta las alarmas en un año donde ya se han registrado 24 fallecidos por dengue en el país.

A comienzos de este año, cuando el coronavirus era apenas una noticia secundaria que se sucedía al otro lado del mundo, en Argentina ya había preocupación epidemiológica y no precisamente por el COVID-19. Durante el verano, la Ciudad de Buenos Aires registró uno de los brotes de dengue más grandes de los últimos años. Previo a la disparada de casos, el Grupo de Estudio de Mosquitos (GEM) de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) había señalado un creciente incumplimiento en las tareas de prevención y control del mosquito por parte del Gobierno de la Ciudad.
Si de los errores se aprende, no es el caso de la administración porteña. Esta tarde, se publicó en el Boletín Oficial la rescisión del convenio de cooperación técnica entre el Gobierno de la Ciudad y la Facultad de Ciencias Exactas, que tenía como objetivo el monitoreo del mosquito Aedes Aegypti en este territorio. Asimismo, por medio de la resolución, se suspenden las actividades vinculadas al convenio, que se orientaban precisamente a la detección epidemiológica de este virus.
«Al mosquito se lo combate también en invierno», suele ser uno de los mantras de los epidemiólogos y sanitaristas que investigan el dengue. El programa recientemente cancelado tenía como propósito detectar la actividad de hembras del mosquito transmisor del virus y para ello se utilizaban sensores (ovitrampas) en distintos espacios verdes de la Ciudad. El convenio buscaba también evaluar las fluctuaciones temporales y espaciales de la actividad de Aedes Aegypti en distintas zonas y disponer de información actualizada y detallada de la situación entomológica.
En sus considerandos, la resolución del Gobierno de la Ciudad destaca que la rescisión se da en el marco de la emergencia por coronavirus. Según palabras textuales del Boletín Oficial, el convenio entre la Facultad y el Ministerio de Ambiente y Espacio Público se cancela «al resultar financiera y económicamente inconveniente para el interés público».
Los datos epidemiológicos advierten que no se trata de una situación controlada: al 21 de junio ya eran más de 45 mil los contagios solamente en 2020, a lo que se suman 24 víctimas fatales, un récord histórico en nuestro país, superando en casi un 10% a las cifras de la temporada 2015/2016. En la Ciudad de Buenos Aires, según el último Boletín Epidemiológico, los casos confirmados ascendían a 7306 y la mayoría se concentra en las comunas 4, 7 y 8, las más postergadas de la CABA. Entre los barrios populares más afectados destacan la Villa 21-24, la Villa 20 y el barrio Padre Ricciardelli, con 433, 405 y 370 casos respectivamente.

La olla popular de El Perro y Che Adelita debutó en el barrio de Chacarita

23.6.2020

Las ollas populares siguen sembrándose por todo el ámbito del Gran Buenos Aires y la propia Capital porteña. No es para menos, el hambre abunda y no figura ni en las estadísticas ni en los partes diarios que nos hablan del Covid y sus consecuencias dolorosas. Pero el hambre es mucho más difícil de soportar en un país donde sobran alimentos pero nunca llegan en la cantidad necesaria a la boca de los más humildes. También sobra dinero, si pensamos en esa cantidad de multimillonarios a los que nunca se les toca el bolsillo, y que ni en estas circunstancias límite quienes debieran atreverse a dar el paso, no lo hacen.
Por eso las ollas populares aquí o las ollas comunes en Chile, porque significan un pequeño paliativo en lo concreto pero un inmenso acto de solidaridad de la militancia social y política que trabaja en las barriadas.
De allí que la olla que este martes nublado y frío debutó en el barrio de Chacarita, es otro mojón necesario para demostrar que solo el pueblo salva al pueblo. Lo demás son espejitos de colores y palabrerío. Por eso los vecinos que se acercaron a comer una rica y nutritiva comida preparada por dos compañeras y un compañero se fueron agradecidos, no sin antes compartir opiniones sobre «lo mal que viene la mano para nosotros los pobres» o «está llegando la hora de que dejemos de comer vidrio y defendamos lo nuestro». Dos frases sintetizadoras de que en el abajo las mentiras no calan tan hondo, y que entre guiso y guiso, y un buenísimo pan casero, la gente no solo mata un poco el hambre sino también se atreve a imaginarse un futuro distinto.
La movida de la que hablamos se repetirá todos los martes a la una de la tarde y la llevan adelante jóvenes del Teatro El Perro y el Frente Cultural Che Adelita, en la esquina del propio teatro, en Bompland y Vera.

Igual que Alberto, Larreta pagará el aguinaldo en cuotas

23.6.2020

El Gobierno de la Ciudad anunció que hará lo mismo que el nacional. Mientras siguen sin tocarse las grandes fortunas, el salario de los trabajadores cae bajo el hacha.

Larreta no quiso quedarse atrás. Este martes el Gobierno de la Ciudad anunció que también pagará parte del medio aguinaldo en cuotas, tal como lo decidió el Gobierno nacional. A escala de todo el país, la medida había sido oficializada también este martes, luego de ser publicada en el Boletín Oficial.
En un comunicado, el Gobierno porteño señaló que “con motivo de las consecuencias económicas derivadas del COVID-19, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires enfrenta múltiples desafíos, entre los que se destacan la urgente necesidad de destinar recursos extras al sistema sanitario para enfrentar la pandemia, la caída en la recaudación tributaria debido a la fuerte baja en la actividad económica y el incremento en los gastos destinados al pago de subsidios referidos a cuestiones sociales”.
El esquema de pagos implica que los trabajadores cuyo sueldo bruto sea de entre $ 50.001 y $ 85.000, cobrarán medio aguinaldo el 15 de julio y el resto del 15 de agosto. Para quienes perciban más de ese monto, la primera cuota se cobrará justamente en esta fecha y la segunda exactamente un mes más tarde. Quienes estén por debajo de los $ 50.000 en bruto cobrarán el 100 % al inicio del mes próximo.
Marcelo Gómez, Secretario general de la Dirección General de Música del GCBA y miembro de la agrupación Marrón Clasista, nos expresaba: “La medida ni siquiera tiene en cuenta otros sectores esenciales que vienen en la trinchera trabajando y donde ya hay varios trabajadores contagiados por Covid-19, como el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat que abarca a los hogares, los paradores, los centros de niñez, las personas en situación de calle, los refugios de mujeres, etc. Y ni hablar que hay miles de trabajadores realizando tareas esenciales a partir de relocalizaciones, como en los operativos Detectar en las villas, entrega de bolsones de comida, etc”.
Y agregaba: “Lo más terrible es que en la Ciudad hay miles que ni pueden acceder al aguinaldo, ya que la precarización a través de contratos de locación o tercerización, ni siquiera pueden acceder al aguinaldo, ni a ART, ni a otros derechos laborales básicos. Pero además el tope de los $50.000 está por debajo del nivel de la Canasta Básica total que determinaron los trabajadores del Indec en $67.372”.
La decisión se inscribe dentro de un consenso que unifica a las grandes fuerzas políticas del país. Macrismo, radicalismo y peronismo se niegan a tocar los intereses de los grandes empresarios.
Lorena Itabel, delegada del Ministerio de Economía, nos comentaba: “La cuestión es que una vez más la variable de ajuste para el gobierno somos les trabajadores, tanto a nivel nacional como ahora en la Ciudad. En ningún momento se avanzó en poner un impuesto a las grandes fortunas o incluso al juego en CABA por ejemplo. Un mínimo porcentaje de esas ganancias no solo podría suplir la baja de recaudación sino que sobraría para poder invertir en salud y actuar frente a las necesidades de las familias trabajadoras. Así que queda claro una vez más que es una cuestión política poner el enfoque en ajustar otra vez a les trabajadores”.
Esto se pone en evidencia en la cuestión del impuesto a las grandes fortunas. El proyecto oficialista, a pesar de los discursos, nunca fue presentado. El proyecto del Frente de Izquierda -que fue presentado en el Congreso- no se discutió por negativa de las fuerzas mayoritarias en la Cámara de Diputados.
Por último Marcelo nos comenta: “Es esencial que los sindicatos estatales se pongan a la cabeza de defender a los trabajadores, salgan de las declaraciones de las redes, y tomen medidas de una buena vez para frenar un nuevo ajuste sobre los laburantes”.

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